Corrían los años 70 cuando un joven contable guipuzcoano, Álvaro Azpeitia, tuvo que asumir la refundación de su empresa familiar dedicada a la venta de angulas que por entonces se encontraba en una seria crisis debido a la falta física de producto. Azpeitia tomó las riendas del negocio y tirando de imaginación e inventiva, sin […]

Corrían los años 70 cuando un joven contable guipuzcoano, Álvaro Azpeitia, tuvo que asumir la refundación de su empresa familiar dedicada a la venta de angulas que por entonces se encontraba en una seria crisis debido a la falta física de producto. Azpeitia tomó las riendas del negocio y tirando de imaginación e inventiva, sin apoyos económicos, políticos ni empresariales sino teniendo que hipotecar patrimonios familiares, desarrolló la gula, comenzando a partir de ese momento una complicada aventura personal y profesional.

En su libro La increíble historia de la gula, editado por Nerea, su autor Alvaro Bermejo relata las vivencias de este empresario, una larga y complicada trayectoria  en la que Álvaro Azpeitia, además de asumir la dirección de la empresa, tuvo que encargarse también de la creación del producto y de su financiación.

Para ello viajó a Japón, conoció las posibilidades de la entonces poco conocida pasta de pescado llamada surimi, pero que los japoneses utilizaban muy frecuentemente en su cocina y se planteó la posibilidad de crear una angula elaborada a base de esa nueva forma de alimento, con su misma forma, tamaño y sabor, pero “sin ojos, para evitar que sea un fraude”.

Ya de vuelta a su tierra, el desarrollo del proyecto no le resultó nada fácil, sino que por el contrario se vio envuelto en todo tipo de complicaciones como la propia producción del producto, patentes, nombres e incluso bromas del sector que no llegaba a entender la idea de hacer un “símil” de un producto tan “sagrado” en el País Vasco como la angula.

En Aguinaga y en Tokio le tomaron por loco

En este sentido, el autor del libro comenta que lo que ahora nos parece tan normal, preparar una angula a base de surimi, entonces fue motivo de que a Azpeitia le tomaran por loco tanto en Aginaga como en Tokio, donde se encontró con la dificultad añadida de que los japoneses estaban acostumbrados a comer anguilas, pero no angulas, lo que dificultó considerablemente el entendimiento.

Pero finalmente el proyecto vio la luz y es la apasionante historia que queda reflejada en el libro de Bermejo, que se presenta apoyado por dos interesantes prólogos, nada menos que de martín Berasategui y Luís Irizar, dos grandes nombres de la cocina vasca.

La gran prueba de fuego

En la reciente presentación del libro, el empresario recordaba el día en que mostró su “invento” a la cuadrilla de amigos, en una de las cenas que hacían en su sociedad gastronómica de Zarautz, a la que se presentó llevando las gulas como si fueran angulas, preparándolas a la manera tradicional con su aceite y sus ajos.

Las sirvieron y nadie dijo nada, hasta que alguien comentó: “¡Qué pronto ha venido este año la angula! ¿De dónde la habéis traído?”. Azpeitia, queriendo forzar aún más la reacción, le contestó: “Son las primeras, por eso las he traído para probar”. Fue solo al acabar la comida cuando les preguntó: “¿Pero no les habéis encontrado ningún fallo a estas angulas? ¡No tienen ojos!”.

La increíble historia de la gula
Autor: Álvaro Bermejo
Prólogo de Martín Berasateui y Luís Irizar
Editado por: Nerea (2011)
24,95 euros