En España se desechan 1,3 kilos de comida por familia a la semana, alimentos que acaban en la basura cuando, en la mayoría de las ocasiones, podrían haber alargado, sin ningún problema, su ciclo de vida útil. Y los que más se desperdician son los productos frescos.

Las verduras y hortalizas son los alimentos que con más frecuencia terminan en la basura. Junto con las raíces y los tubérculos (45%), las tasas de desperdicio de frutas y hortalizas (45%) son mucho más altas que las de cualquier producto alimenticio.

Productos frescos. Así se conservan

Por ello, Lola Market, marketplace de alimentación y productos frescos en Madrid, ha querido ofrecer algunos interesantes consejos que permitirán mantenerlos por más tiempo para no renunciar a ellos —antes de tiempo— en nuestra dieta:

No lavar las frutas y verduras antes de almacenarlas y, en el caso de hacerlo, secarlas bien. La humedad favorece la putrefacción y por lo tanto durarán menos almacenadas.

Para disfrutar de las frutas y verduras durante más tiempo, es mejor almacenarlas en el compartimiento del frigorífico con una temperatura más alta.

En el caso de las verduras conservadas a temperatura ambiente, se recomienda no almacenarlas en un cajón o recipiente cerrado, ya que se pudrirán antes. Es preferible ponerlos en una cesta de plástico o madera, que permita su ventilación.

Las verduras ya peladas y cortadas se conservan mejor en un frasco con una pequeña cantidad de agua. También se puede usar unos recipientes de plástico con tapas.

Seguir los consejos de conservación para cada alimento

  • Los aguacates duran más en una bolsa de papel.
  • Los tomates, pepinos y pimientos, mejor a temperatura ambiente.
  • Las patatas, cebollas y ajos, siempre en un lugar seco y oscuro.

Algunos trucos

  • El brócoli durará más sumergiendo el tallo en un recipiente con agua, al igual que los espárragos.
  • El apio se mantiene mejor envuelto en papel de aluminio en el refrigerador.
  • Los tomates duran más tiempo frescos si los almacenamos con el vástago hacia arriba.

Y, además, planificación

Una de las causas principales del desperdicio alimentario es la falta de planificación en los hogares. La escasez de tiempo libre y el ritmo de vida que marca la sociedad dificultan llevar una organización en la alimentación diaria, en muchos casos comprando productos que no sabemos si llegaremos a consumir. Sin embargo, con algunas sencillas claves es posible reducir los desperdicios orgánicos.

Planificar la compra semanal, siendo conscientes de los productos que necesitamos y que, por consiguiente, vamos a consumir.

Elaborar una lista con los ingredientes necesarios para realizar los menús previamente establecidos.

Adquirir productos sueltos en lugar de envasados.

A la hora de colocar la compra, situar los alimentos más antiguos en la parte delantera de la despensa o el frigorífico, y los más recientes, en la parte trasera.

Conocer las fechas, tanto de caducidad como de consumo preferente, con el objetivo de planificar la gestión de alimentos. Es importante saber la diferencia entre la fecha de caducidad —que advierte de cuándo el producto deja de ser seguro— y la fecha de consumo preferente, que indica que éste empieza a perder sus cualidades físicas como el olor o sabor, pero sigue siendo seguro su consumo.

Conservar de manera apropiada los alimentos o sobras que, posteriormente, van a ser usados, siguiendo las especificaciones de cada fabricante.

Variar y alternar recetas para utilizar aquellos alimentos que estén cerca de caducar.

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Productos frescos, los que más se desperdician
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En España se desechan 1,3 kilos de comida por familia a la semana, alimentos que acaban en la basura. Y los que más se desperdician son los productos frescos.
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