El próximo lunes 21 de septiembre se inicia la Semana de la Dieta Mediterránea, toda una filosofía de vida basada en una forma distinta de alimentarnos, cocinar los alimentos, compartirlos y disfrutar de nuestro entorno. Una dieta en la que tan importante es lo que comemos como la forma en que lo hacemos.

Bajo el eslogan ‘El color de nuestra mesa’, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha previsto, hasta el sábado 26 de septiembre, diferentes acciones promocionales en la Semana de la Dieta Mediterránea destinadas a dar a conocer y difundir la riqueza de este estilo de alimentación único.

Declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sin embargo, en España la adherencia a la Dieta Mediterránea ha disminuido significativamente, siendo el segundo país, después de Grecia, que más se ha alejado de ella. En la actualidad se ha aumentado el aporte de grasa y, cuando hace cuatro décadas constituía tan solo el 25% de la dieta, ahora supone el 40%.

No obstante, cuando a los españoles se les pregunta si siguen una Dieta Mediterránea, el 41% de los encuestados responden que la siguen a menudo, el 21% que la sigue y el 26% piensa que la sigue a veces o nunca. ¿La consecuencia? España ocupa el tercer puesto en prevalencia de obesidad en el mundo con una tasa del 13,9%, sólo por detrás de Estados Unidos (22,5%) y Reino Unido (17%).

Es importante recuperar nuestros hábitos alimenticios, comprar productos frescos y de temporada y elaborarlos nosotros mismos, de forma sencilla, como son la mayor parte de los platos del extenso recetario mediterráneo. También es importante disfrutar de la comida en familia y hacer ejercicio físico. En resumen, volver a ser Mediterráneos. Y para ello, la Fundación Dieta Mediterránea ha elaborado el siguiente decálogo.

Decálogo de la Dieta Mediterránea

Utilizar el aceite de oliva como principal grasa de adición. Es el aceite más utilizado en la cocina mediterránea. Un alimento rico en vitamina E, beta-carotenos y ácidos grasos monoinsaturados que le confieren propiedades cardioprotectoras. Este alimento representa un tesoro dentro de la dieta mediterránea y ha perdurado a través de siglos entre las costumbres gastronómicas regionales, otorgando a los platos un sabor y aroma únicos.

Consumir alimentos de origen vegetal en abundancia: frutas, verduras, legumbres, champiñones y frutos secos. Las verduras, hortalizas y frutas son la principal fuente de vitaminas, minerales y fibra de nuestra dieta y nos aportan al mismo tiempo, una gran cantidad de agua. Es fundamental consumir cinco raciones de fruta y verdura a diario. Gracias a su contenido elevado en antioxidantes y fibra pueden contribuir a prevenir, entre otras, algunas enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

El pan y los alimentos procedentes de cereales —pasta, arroz y especialmente sus productos integrales— deberían formar parte de la alimentación diaria. El consumo diario de pasta, arroz y cereales es indispensable por su composición rica en carbohidratos. Aportan una parte importante de energía necesaria para nuestras actividades diarias.

Los alimentos poco procesados, frescos y de temporada son los más adecuados. Es importante aprovechar los productos de temporada ya que, sobre todo en el caso de las frutas y verduras, nos permite consumirlas en su mejor momento, tanto a nivel de aportación de nutrientes como por su aroma y sabor.

Consumir diariamente productos lácteos, principalmente yogurt y quesos. Nutricionalmente se debe que destacar que los productos lácteos como excelentes fuentes de proteínas de alto valor biológico, minerales (calcio, fósforo, etc) y vitaminas. El consumo de leches fermentadas (yogur, etc.) se asocia a una serie de beneficios para la salud porque estos productos contienen microorganismos vivos capaces de mejorar el equilibrio de la microflora intestinal.

La carne roja se tendría que consumir con moderación y si puede ser como parte de guisos y otras recetas. Y las carnes procesadas en cantidades pequeñas y como ingredientes de bocadillos y platos. El consumo excesivo de grasas animales no es bueno para la salud. Por lo tanto se recomienda el consumo en cantidades pequeñas, preferentemente carnes magras, y formando parte de platos a base de verduras y cereales.

Consumir pescado en abundancia y huevos con moderación. Se recomienda el consumo de pescado azul como mínimo una o dos veces a la semana ya que sus grasas —aunque de origen animal— tienen propiedades muy parecidas a las grasas de origen vegetal a las que se les atribuyen propiedades protectoras frente enfermedades cardiovasculares. Los huevos contienen proteínas de muy buena calidad, grasas y muchas vitaminas y minerales que los convierten en un alimento muy rico. El consumo de tres o cuatro huevos a la semana es una buena alternativa a la carne y el pescado.

La fruta fresca tendría que ser el postre habitual. Los dulces y pasteles deberían consumirse ocasionalmente. Las frutas son alimentos muy nutritivos que aportan color y sabor a nuestra alimentación diaria y son también una buena alternativa a media mañana y como merienda.

El agua es la bebida por excelencia en el mediterráneo. El vino debe tomarse con moderación y durante las comidas. El agua es fundamental en nuestra dieta. El vino es un alimento tradicional en la dieta mediterránea que puede tener efectos beneficiosos para la salud consumiéndolo con moderación y en el contexto de una dieta equilibrada.

Realizar actividad física todos los días es tan importante como comer adecuadamente. Mantenerse físicamente activo y realizar cada día un ejercicio físico adaptado a nuestras capacidades es muy importante para conservar una buena salud.

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Semana de la Dieta Mediterránea
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El próximo lunes 21 de septiembre se inicia la Semana de la Dieta Mediterránea, toda una filosofía de vida basada en una forma distinta de alimentarnos, cocinar los alimentos, compartirlos y disfrutar de nuestro entorno.
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