Corrían los años inciertos del período de entreguerras, cuando en 1931 un veneciano —Giuseppe Cipriani— a su vez financiado por un bostoniano —Harry— tuvo la idea de  abrir un bar al final del Gran Canal, en un antiguo almacén de la calle Varesso, a sólo un paso de de la Plaza de San Marcos y del desembarcadero de la Riva degli Schiavoni.

Un bar pequeño, incómodo y bastante mal amueblado, que los años y la permanente presencia de singulares famosos -especialmente escritores norteamericanos-  han convertido en un icono de culto, un rito de obligado cumplimiento cuando se viaja a Venecia: el Harry’s Bar.

Porque efectivamente, casi desde el momento de su inauguración comenzaron a circular por el Harry´s personajes como Truman Capote, Scott Fitzgerald, pero sobre todo Ernest Hemingway, quien en alguna ocasión llegó incluso a convertir el local y al propio Cipriani en activos personajes de sus novelas.

Pero también es cierto que el mito no se debe sólo a esta presencia contínua del famoseo. Por una parte, porque Giuseppe Cipriani es el responsable directo de dos creaciones gastronómicas gloriosas, como son el Carpaccio -al menos así dice la leyenda- y el Cóctel Bellini. Y por otra, porque con el paso del tiempo el Harry´s Bar sigue siendo fiel a sí mismo, con su carácter, su sabor y su encanto como el día en que se inauguró; mobiliario, coctelería, carpaccio y casi los propios camareros  incluidos.

Y es que a pesar de las apreturas debidas a los cientos de turistas americanos y japoneses que por allí pasan a diario, uno se siente muy a gusto acercándose como puede a la pequeña y antigua barra para cumplir con uno de esos ritos inevitables: pedir un “Bellini” o un “Garibaldi”, bebérselo despacio y sumergirse en la agradable y melancólica decadencia que en su día disfrutaron tantos y tan ilustres conocidos.

Quizá sea por eso que hace un par de años el Ministerio de Cultura italiano le otorgó la consideración de monumento protegido. Para que no cambie nunca.

El origen del Carpaccio

Este conocido plato tiene su origen, al parecer, en un hecho relacionado con una clienta habitual del Harry’s, la Condesa Nani Mocenigo, quien un buen día, muy preocupada, le comentó a Cipriani que su médico le había impuesto una dieta muy rigurosa, en la que debía entrar la carne, pero cruda, solicitándole que le sirviese un plato que con ese ingrediente como protagonista, además estuviera bueno.

Cipriani buscó por sus despensas y decidió cortar en láminas finísimas un trozo de solomillo de buey que tenía en la cámara, muy frío, condimentándolo a continuación con una salsa mayonesa a la que añadió un poco de mostaza y unas gotas de salsa Worcestershire.

Así se lo sirvió a la condesa, a quien le agradó y le preguntó el nombre del plato. Cipriani, tratando de improvisar, miró por la ventana y le dio el nombre de lo primero que vio, un cartel de la por entonces exposición de moda en la ciudad, una muestra del pintor veneciano Vittore Carpaccio (1460 -1526). Otras versiones aseguran que Cipriani bautizó así este plato por su similitud cromática con las obras del pintor, caracterizadas por la profusión de tonos rojos y amarillos.

 

Resumen
Harry's Bar en Venecia: un icono
Título
Harry's Bar en Venecia: un icono
Descripción
Harry’s Bar, un local pequeño, incómodo y bastante mal amueblado que los años y la presencia de singulares han convertido en un icono de culto, un rito de obligado cumplimiento cuando se viaja a Venecia.
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