Bartolomé Esteban Murillo nació hace cuatrocientos años en Sevilla y, con sus lienzos, dio nueva vida a los conventos, iglesias, palacios y mansiones de la capital andaluza, que ahora le rinde homenaje con la celebración del Año Murillo. Catorce meses —de noviembre de 2017 a diciembre de 2018— cargados de conciertos, conferencias, publicaciones y un buen número de exposiciones que reunirán obras y enfoques nunca vistos.

En esta línea, el hotel Gran Meliá Colón —que dedica una de sus plantas al pintor y está situado a pocos metros de la zona en la que creció—, le homenajeará también con un programa de experiencias que comienza ahora gastronómicamente. El año del pintor arranca con el Menú Temático Esteban Murillo que se sirve en el restaurante El Burladero situado en la planta baja del emblemático edificio.

El aperitivo ya introduce en el mundo del pintor, con un Salmorejo que evoca La cocina de los ángeles, su primera gran obra. El primer plato, el Chipirón a la brasa, se sirve en una fotogénica paleta de pintura barroca, mientras que el segundo, Carrillera ibérica sobre risotto de trigo, obtiene el cereal de las comarcas del Guadalquivir que vieron crecer a Murillo. El remate es una Ensalada de naranjas sevillanas, como las que veía sobresalir cotidianamente de los patios de su barrio de Santa Cruz. El creador del menú es el chef Álvaro Rodríguez Andrade, que, junto con Javier Rico, el chef ejecutivo del Gran Meliá Colón, conforman uno de los equipos más sólidos en las cocinas de la cadena hotelera.

Murillo en las habitaciones

El Gran Meliá Colón es, probablemente, uno de los lugares más indicados para participar en el Año Murillo, tanto por su cercanía a los escenarios de su niñez como por su vocación artística. Tras su fachada de estilo neobarroco hay 189 habitaciones, de las cuales, las ubicadas en la tercera planta rinden homenaje a Murillo desde la entrada a cada habitación: vírgenes y ángeles otorgan un paseo por ese lenguaje y modelos iconográficos de la obra del pintor.

Por su parte, el hall de cada piso exhibe una paleta en el techo y una columna envuelta en el material de los mantones de Manila, mientras que las puertas de todas las habitaciones se distinguen con reproducciones de cuadros barrocos de siete pintores, uno por cada planta. En el mobiliario del recibidor del hotel destaca el estilo atrevido de Philippe Starck y Marcel Wanders, contrastando con toques clásicos, barrocos y modernistas, como su magnífica cúpula del año 1929.

Cuatro siglos de Murillo en las iglesias sevillanas

El programa de conmemoraciones ‘Murillo y Sevilla. 400 años del nacimiento de un pintor universal’ convertirá a la capital andaluza en un museo pluridisciplinar que rastreará el tiempo y la obra de Murillo en su contexto original, ligando su innovación al presente.

El artista, que nació y falleció en Sevilla (1617-1682), fue el pintor barroco más destacado de la escuela sevillana y el más apreciado fuera de España. Su obra y la ciudad son vasos comunicantes: sus escenarios están por todas partes y sus lienzos se reparten por muchas de las iglesias del centro, pero sobre todo constituyen uno de los principales atractivos del Museo de Bellas Artes.

El templo de la Magdalena, a pocos pasos del hotel, es el lugar en el que el artista fue bautizado en 1618. Se contempla desde varias de las habitaciones y contiene algunas de las obras más destacadas de Murillo. Los cuadros del pintor están también expuestos en el Hospital de la Caridad, la Catedral de Sevilla y varios enclaves barrocos del Barrio de Santa Cruz, como el Hospital de los Venerables, la iglesia de Santa María la Blanca y la parroquia de San Bartolomé.

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Menú barroco para celebrar el año Murillo
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Menú barroco para celebrar el año Murillo
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Murillo nació hace 400 años en Sevilla y, con sus lienzos, dio nueva vida a los conventos, iglesias, palacios y mansiones de la capital andaluza, que ahora le rinde homenaje con la celebración del Año Murillo.
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