La Comunidad de Madrid está estudiando las plantas y sistemas de riego que mejor se adaptan a las condiciones climatológicas locales. Una investigación sobre jardinería sostenible llevada a cabo por el IMIDRA, que busca mantener y ampliar la colección de especies autóctonas ornamentales y de jardinería sostenible para su uso en las ciudades de la […]

La Comunidad de Madrid está estudiando las plantas y sistemas de riego que mejor se adaptan a las condiciones climatológicas locales. Una investigación sobre jardinería sostenible llevada a cabo por el IMIDRA, que busca mantener y ampliar la colección de especies autóctonas ornamentales y de jardinería sostenible para su uso en las ciudades de la región.

Especies ornamentales de fácil cultivo, con poca necesidad de agua, tanto de sombra como de pleno sol, como el acanto, la candilera, el granado de flor, lilas, naranjo espinoso o las salvias azul y rosa. También se han sumado a este jardín especies autóctonas de especial interés, como el brezo de invierno, el hisopo, el aligustre, los linos azul y blanco, el romero macho, los tomillos de Aranjuez o la santolina, que se están multiplicando utilizando métodos tradicionales como el semillado y el esquejado, tras su recolección en el medio natural.

Un jardín urbano

 El jardín piloto del IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario), en su Finca de El Encín, cuenta ya con 68 especies autóctonas españolas, 40 de ellas arbustos y matas presentes en la Comunidad de Madrid, con bajo mantenimiento y adaptadas al clima de la región. Los técnicos han recolectado muchas de estas plantas en el medio natural, dado que no se encuentran semillas ni se producen en viveros privados.

Todas las especies del Campo de Plantas Madre están registradas, de modo que se cuenta con un archivo histórico del trabajo que se va realizando, lo que permite a los investigadores conocer los mejores métodos de reproducción en cada caso concreto. El trabajo que se desarrolla en este jardín piloto de El Encín contribuye además de forma fundamental a conservar especies vegetales autóctonas, que desempeñan un importante papel en el mantenimiento de los ecosistemas y suelen estar asociadas a fauna silvestre que busca en ellas cobijo y alimento.

Este tipo de jardinería sostenible busca la adaptación al clima y al suelo de la zona, el ahorro de agua (con especies adecuadas, métodos de riego eficientes y aprovechamiento del agua de lluvia), un gasto mínimo de recursos energéticos y una producción mínima de residuos y el mantenimiento y promoción de la biodiversidad de la zona en la que se ubica.


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