Las cadenas multinacionales de comida rápida están, poco a poco, tratando de ganar una nueva cuota de mercado con productos de tipo gourmet. El grupo internacional de distribución de pizzas a domicilio Domino’s ha comenzado hace pocas semanas la venta de su ‘línea gourmet’ consistente en tres nuevas versiones de pizzas que, según un comunicado […]

Las cadenas multinacionales de comida rápida están, poco a poco, tratando de ganar una nueva cuota de mercado con productos de tipo gourmet.

El grupo internacional de distribución de pizzas a domicilio Domino’s ha comenzado hace pocas semanas la venta de su ‘línea gourmet’ consistente en tres nuevas versiones de pizzas que, según un comunicado de prensa “han sido especialmente desarrolladas para atraer a un tipo diferente de consumidor que busca una variedad de pizza ligera y con sabores más distintivos, más parecidos a los que se pueden encontrar en una pizzería tradicional».

Es decir que la nueva oferta de Domino’s parece estar dirigida a quienes actualmente solo consideran esta marca como un último recurso cuando ‘no hay más remedio’, pero que en condiciones normales prefieren una propuesta culinaria de mayor nivel.

Varias cadenas se suman al intento

Pero el intento de Domino’s no es el único: McDonald’s ha sacado recientemente, dentro de su gama SupremeAppearance, el ‘Summer Chorizo Supreme’, una hamburguesa como las demás acompañada de una lechuga algo más sofisticada y con un par de lonchas de chorizo por encima y pan enriquecido con ajonjoli y cebollino. Kentucky Fried Chicken está promocionando su nuevo KFC Kentucky JackAppearance, dos porciones de pollo empanado, acompañadas de queso, todo ello sobre unas finas láminas de pan ‘especial’.

Para la mayoría de los amantes de la buena cocina, las cadenas de comida rápida a pie de calle se han convertido en el arquetipo de comida insalubre, mal elaborada y peor presentada: insípidas hamburguesas de carne de la que innumerables veces se ha especulado con su procedencia y calidad, un queso fundido que muchas veces cuesta creer que no es chicle, y unos niveles de sal excesivos, todo ello ha contribuido a la generalización de esta mala imagen entre los más exigentes.

Baja imagen por parte de los consumidores

Una reciente encuesta sobre la opinión que los consumidores británicos tenían sobre la comida rápida en ese país, dio como resultado adjetivos del tipo de: “poco satisfactoria”, “inútil”, “comida gris”, “grasienta”, “pegajosa”, y posiblemente el peor de todos, “rancia”.

Un representante de cadena británica Meatwagon, ganadora del premio 2010 a ‘la mejor comida de calle’ en la categoría de ‘mejor sándwich’, sostiene que para una cadena «no resulta imposible elaborar un alimento que realmente sea de alta calidad”. Aunque matiza que en el proceso hay que incluir una serie de cuestiones como entrenamiento del personal, control de calidad. etc.

La pregunta es: ¿Cómo pueden las cadenas atraer a sus filas este nuevo tipo de cliente diferente, más preocupado por la buena comida?  

La misma fórmula, con ingredientes más sofisticados

Su respuesta parece estar en la oferta gourmet o en las ‘líneas especiales’ que muchas de ellas están introduciendo, en el fondo la misma comida rápida que se atiene a las fórmulas ya probadas y garantizadas de cada marca, pero que usa ingredientes más interesantes y de una mayor calidad, aunque irremediablemente, a precios más altos.

El concepto se acompaña en algunos casos con información detallada sobre las calorías y otros datos alimenticios, en un esfuerzo por combatir los dos peores datos percibidos por el público respecto a las cadenas de la comida rápida: el sabor y el bajo valor nutritivo.