El próximo fin de semana, 17 y 18 de enero, se celebra la primera edición de las Jornadas Gastronómicas del Pote de Castañas, un evento en el que participarán un total de diez restaurantes de las localidades asturianas de Moreda, Nembra, Murias, Cuergo, Felechosa y La Raya.

Las jornadas, organizadas por el Ayuntamiento de Aller y por la asociación turística Aller Experiencias tendrán como protagonista al pote de castañas, una propuesta contundente para combatir el frío de estas fechas invernales y un plato diferente, en el que las castañas aportan singularidad. Antiguamente, cuando había escasez de patatas, las castañas eran uno de los ingredientes que las sustituían en el pote, proporcionándole un sabor muy especial.

Los establecimientos participantes ofrecerán durante este fin de semana un menú compuesto por pastel de queso Cabrales, pote de castañas con compango y tarta de manzana, a un precio de 18 euros que incluye pan, bebida y café.

La cocina allerana

Las características principales de la cocina allerana coinciden, en lo fundamental, con las de la asturiana, con algunas especialidades propias. El entrante más antiguo es el pote de berzas, muy recomendable por la gran calidad de los productos de la huerta local. Del cerdo se obtienen ricos embutidos, picadillos —muy característicos de la zona— y otros derivados. También perfectos compangos para el pote y la fabada.

La riqueza ganadera se basa en excelentes carnes ‘roxas’ de vacuno. El ovino y el caprino aportan estupendos guisos de cordero a la estaca, lechazo al horno y cabrito con patatas. Destacan también las carnes de caza —corzo, rebeco y jabalí— muy abundantes en la zona. Y por supuesto, las truchas.

La guinda gastronómica de Aller es la repostería: casadielles, frixuelos, borrachinos, la cuayá, el quesu podre… pero sobre todo, el panchón, una elaboración a partir de harina de escanda, agua, sal y levadura o ‘fermientu’. El conjunto se amasa y, envuelto generalmente en hojas de berza, se cuece durante siete u ocho horas en los rescoldos de llar. Terminada la cocción se desmiga la masa y se envuelve con manteca de vaca derretida, endulzándola con azúcar o, como antiguamente, con miel.